Cantos Fúnebres para Dedicar

Empieza la odisea, nada es como antes, la verdad, nada es nada; es extremadamente difícil de transmitir para un humano, esto es inhumano; no se puede entender, lo que veo, lo que siento, lo que oigo, trato de hacerlo lo más simple posible para que sea al menos un poco digerible para ti, y aun así no lo es.

La muerte es así, lo celestial es así, simplemente incomprensible para nuestro entendimiento, lo irreal se hace real, así como vuelve a hacerse irreal, el tiempo no existe, puedes estar en el futuro y en el presente, los conceptos «humanos» no son posibles en esta «dimensión» que aún no sé si llamarla así.

Puedo ver mi nacimiento, el tuyo, ser tú, ser ambos al mismo tiempo, puedo ver nuestras muertes, puedo vernos en todas las realidades posibles y puedo ser todos al mismo tiempo. La materia se vuelve nada, el universo se vuelve nada, yo soy el universo y es increíble esto, usar palabras es profanar lo que estoy apreciando, sencillamente maravilloso.

Pero todo este intenso nuevo destino me ciega del ayer, saber que fui materia y formé parte de varias vidas que encontraban significante mi presencia terrenal. Más aún la vida de ella, que, de manera tan inoportuna pero a la vez placentera me fui de ahí, dejando un vacío, que ahora es simplemente un parpadear, pero que para ella fueron millones de momentos casi eternos de lágrimas y colores opacos.

Hace un tiempo (que hoy no es nada, pero que en su momento lo fue) me costó desprenderme de cosas, aún no era parte de lo que hoy soy, aún emprendía el camino que te voy a relatar. Uno debe desprenderse de experiencias para empezar a formar parte de otras más importantes, pero para mí fue un proceso complicado.

Luego de ver sus últimas palabras, ver cómo se despedía de mi materia y ver cómo la dejaba olvidada en la oscuridad, yo no quería aceptarlo. Aunque pensé que podría volver con ella, o al menos transmitir un mensaje, hacerle saber que aún quedaba humanidad en mí, aunque pensándolo bien, solo era un placebo. Pensé que era humanidad, pero solo era mi arrogancia que no me dejaba continuar, o tal vez el miedo por lo que me encontraría en ese camino.

Pero entiéndeme, ponte en mis zapatos, el lugar en donde estás en este momento, ese lugar en donde yo una vez estuve, tenía toda clase de leyendas, mitos, testimonios de que en el camino donde ahora me encontraba podría ser feliz o podría ser horrible, un castigo eterno, un martirio.

Sí, escuchaba gritos, llantos, muchas almas como yo pidiendo perdón e intentando ser «salvadas» por algo o alguien, y un ser más poderoso que yo manteniéndolas bajo llamas. Si tan solo supieran que solo debían aceptarlo, que solo tenían que seguir el camino y hacerse parte de ese «algo más grande».

A mí me costó entenderlo, me costó dejar de gritar, me costó salir de esa noche, me costó humillarme y entender que los sacrificios son lo que nos permite crecer. Pero lo acepté, y de una forma u otra me sentí agradecido, pero no de la forma «humana» por decirlo de alguna manera, es difícil de explicar, pero imagina que una luz se enciende en un cuarto oscuro, algo así fue.

Estando en esa frontera con lo desconocido, pero que era aún más grande, sentí su presencia. Aunque no lo creía era ella ¿cómo podía estar ahí? Solo sentía su calor, un calor muy agradable. Solo sentía mucho agrado y de un momento a otro simplemente floté, me sentí con alguna especie de «razones», simplemente eso, razones para estar ahí.

Sin ningún sentido, ni siquiera el «no sentir nada», solo estaba ahí; tal vez fue ella mi impulso, tal vez fui yo, pero me convertí en uno con algo más grande. En ese momento pude estar donde yo quisiera, al momento que quisiera, pude crear, pude ser, pude ver todo.

Tal vez sea algo muy «terrestre» lo que voy a decir, o estaré simplificando todo, pero, luego de todo ese camino, de haberme desprendido de tantas cosas que ahora para mí no tienen sentido, luego de encontrarme con el universo, puedo decir que…

…estoy en el paraíso.

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Publicación en Éteres
febrero 22, 2026
Primera publicación
febrero 28, 2023
Por
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Cantos Fúnebres para Dedicar Julio Alejandro Vera Córdoba
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