El vocablo guate (o guata en su forma femenina) es un término arraigado en el estado Apure y en la cuenca geográfica de los llanos colombo-venezolanos para individualizar a la persona forastera, particularmente a quien procede de las regiones andinas, de las tierras altas de Colombia o de las zonas montañosas de Venezuela. Su empleo delimita una frontera territorial y cultural directa entre el habitante nativo de la planicie aluvial y quien proviene de relieves accidentados y climas templados o fríos. En la vida diaria de la sabana apureña, la palabra describe tanto el origen geográfico de un individuo como su falta de destreza operativa en las faenas ganaderas, la navegación fluvial y los rigores de un entorno marcado por los ciclos extremos de sequía e inundación.
Raíz lingüística y el catecismo colonial
El origen filológico del término proviene de la lengua chibcha o idioma muisca, hablada por las poblaciones indígenas que habitaron el altiplano cundiboyacense en la cordillera Oriental colombiana. En 1619, el fraile dominico Bernardo de Lugo publicó en Madrid la Gramática en la lengua general del Nuevo Reyno, llamada mosca, donde documentó la traducción doctrinal del Padre Nuestro:
Chipaba guate quican zona umhyca achie chiguscua...
En este registro colonial, la voz guate (o guata) designa altitud, cima, cumbre o eminencia física. Los doctrineros emplearon la palabra para traducir el concepto abstracto de «los Cielos» como la morada en lo alto.
Décadas más tarde, las investigaciones del filólogo Ezequiel Uricoechea en su Gramática, vocabulario, catecismo i confesionario de la lengua chibcha (1871) confirmaron que guata y guate significaban indistintamente «alto», «subir», «monte» y «cerro».
Por su parte, el polígrafo venezolano Lisandro Alvarado, en su fundamental Glosario de voces indígenas de Venezuela (1921), documentó el uso del vocablo en el occidente del país:
Guate. En Barinas, Portuguesa y Apure, nombre que dan a los naturales de los Andes venezolanos y colombianos. Del chibcha guata, alto, altura.
Rutas de arriería y comercio en Apure
La incorporación del término en Apure no ocurrió por asentamientos étnicos muiscas en la planicie —habitada históricamente por grupos de las familias arawak, caribe y etnias locales como los pumé (yaruros) y sikuani—, sino a través de dos corrientes históricas de intercambio:
- Las redes de trueque prehispánicas: Los muiscas descendían al piedemonte llanero (enclaves como Tame y Medina) para canjear sal mineral de Zipaquirá, mantas de algodón y orfebrería de tumbaga por productos de las tierras bajas (plumas de garza, resinas medicinales, cera virgen y veneno de curare facilitados por intermediarios achaguas). En esta franja fronteriza, los pobladores de la sabana aprendieron a llamar guatas a quienes bajaban de las alturas.
- La arriería colonial y republicana: Durante los siglos XVIII y XIX, los hatos ganaderos de Apure dependían de recuas de mulas procedentes de Mérida, Táchira y Santander para abastecerse de insumos de clima frío: café molido, harina de trigo, panela, papas, cobijas de lana y herramientas de herrería.
Estos cargamentos llegaban a puertos fluviales neurálgicos como Guasdualito, Palmarito, Puerto Nutrias y San Fernando de Apure. En ese contacto mercantil, el habitante de la sabana observó en el arriero andino a un hombre de ruana pesada, reservado en el trato comercial y ajeno a los rigores de la vaquería abierta, el nado en ríos poblados de caribes y el manejo del caballo cerrero.
El uso contemporáneo en la tradición oral
En el habla cotidiana del español llanero, la palabra abarca desde el señalamiento geográfico neutral hasta la sanción social frente a la inexperiencia en el trabajo de campo. El compilador y divulgador de la tradición oral venezolana, Alexis Puerta, sintetiza esta dualidad:
Guate o guata en femenino es un adjetivo para decir que una persona no nació en la sabana o en el llano. Guate también puede ser una calificación despectiva para una persona por no ser o por no conocer los usos y tradiciones de la cultura llanera.
Este mismo fenómeno se manifiesta en los Llanos Orientales de Colombia. En testimonios lexicográficos recopilados por investigadores como Danilo Enrique Noreña Benítez, se ratifica que en departamentos como Casanare y Arauca la categoría sigue plenamente viva:
En los Llanos Orientales de Colombia es la forma de llamar a la persona forastera, que no es oriunda de la tierra llanera. Foráneo, extraño. Persona ajena a la cultura llanera.
Para la comunidad local, la baquía —el conocimiento intuitivo y técnico de las rutas de agua, el comportamiento de las bestias y las señales climáticas— define la pertenencia a la sabana. Quien se desorienta en un banco de sabana o desconoce la colocación de un apero confirma de inmediato su condición foránea ante el entorno rural.
Tensión y afirmación en la música llanera
La discografía y la poesía popular registran dos posturas culturales frente a esta etiqueta: el rechazo frontal del apelativo para afirmar la condición de vaquero absoluto, y la asimilación del término desde la destreza campesina adquirida.
La postura de confrontación: Carlos Rico
En su composición «Yo no soy guate», el cantante venezolano Carlos Rico expone el rechazo explícito al término como mecanismo de afirmación del hombre de a caballo:
Señores yo no soy guate, se lo repito, lo que soy es un llanero,
completo pa' un toro bravo y pa' un caballo cerrero,
de los que torea un berraco apenas con el sombrero...
El que hace un bozal de nudos cuando el caballo es charuno,
lo pone a que masque el freno;
el que en un corral de aparte, en el rabo de una vaca,
es por demás de certero.
En la lírica de Rico, el guate personifica la antítesis del peón de faena; rechazar el vocablo equivale a demostrar dominio en el botalón, maestría en la talabartería y puntería en la manga de coleo.
La asunción identitaria: Cholo Valderrama
En contraposición, el cantautor colombiano Orlando «Cholo» Valderrama asume el término en su obra «El Guate» para demostrar que el forastero radicado en la llanura puede superar en baquía y rigor al habitante nativo:
A mí me dicen el guate porque me gusta el joropo
y vivo allá en mi llanura en un rancho de zuro...
Guate, soy gustoso como el caldo de corroncho.
Soy el que pico una trocha sin que se boque el tronco.
Un guate como soy yo no vuelve a nacer muy pronto,
pues si el caballo es machiro con más energía lo monto.
Sé de arrear una res como lo saben muy pocos...
Valderrama desmonta la carga peyorativa del término evidenciando que el conocimiento del ecosistema no depende exclusivamente del lugar de nacimiento, sino de la capacidad material de someterse y adaptarse a la disciplina del trabajo llanero.
El gentilicio regional en el piedemonte
En los valles y laderas de transición ecológica entre la cordillera de Mérida y las sabanas bajas —zonas como Biscucuy y Chabasquén en Portuguesa, o Calderas y Barinitas en Barinas—, la palabra experimentó un proceso de reapropiación comunitaria. En estos espacios intermedios, la población asume el gentilicio para distinguirse tanto del llanero de sabana adentro como del habitante andino de páramo.
El cronista e investigador Marlon Calderón describe este fenómeno de identidad territorial en su ensayo sociológico sobre la cultura local:
Para los llaneros, el término Guate designa a cualquier persona que viva entre el llano y las montañas. Sin embargo, en el debate sobre la identidad, muchos preferirían el término "piedemonteños"... El llanero tiene razón al señalar que no somos Llaneros ni Gochos. La influencia cultural es un tejido complejo que entrelaza lo mejor de dos mundos: la tradición llanera con la carne asada y el picadillo, y los ecos de la cultura andina. Así, con orgullo nos definimos como Guates, Piedemonteños y Biscucuyenses.
En estas localidades de ladera cafetera, el vocablo perdió cualquier matiz despectivo para consolidarse como un marcador de convivencia geográfica y laboriosidad campesina.
Fuentes de Consulta y Referencias Bibliográficas
- 1. Alvarado, Lisandro (1921). Glosario de voces indígenas de Venezuela↗. Caracas: Manrique y Ramírez Ángel.
- 2. De Lugo, Bernardo (1619). Gramática en la lengua general del Nuevo Reyno, llamada mosca.↗ Madrid: Bernardino de Guzmán. (Traducción colonial del Padre Nuestro donde guate equivale a cumbre, altura o cielo).
- 3. Uricoechea, Ezequiel (1871). Gramática, vocabulario, catecismo i confesionario de la lengua chibcha.↗ París: Maisonneuve i Cía. (Documentación del significado de guata y guate como altitud y monte).
- 4. Puerta, Alexis (2024). Palabras Llaneras - Día 4: Guate.↗ Registro audiovisual de tradición oral y modismos llaneros.
- 5. Noreña Benítez, Danilo Enrique (2018). Entrada: Guate (Llanos Orientales de Colombia).↗ Diccionario Abierto y Colaborativo.
- 6. Rico, Carlos (2018). Obra musical: Yo no soy guate.↗ Colombia. (Lírica costumbrista de afirmación llanera y rechazo a la torpeza del foráneo).
- 7. Valderrama, Orlando «Cholo» (2000). Obra musical: El Guate.↗ Sogamoso, Colombia. (Lírica testimonial sobre la adopción y reivindicación práctica del término en faenas de sabana).
- 8. Calderón, Marlon (2023). La Identidad Guate: Un Encuentro entre Culturas.↗ Publicación comunitaria: Somos Biscucuyenses, estado Portuguesa, Venezuela.
Aportes recopilados y verificados con baquianos, pobladores y cronistas tradicionales de las riberas apureñas.
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